El cepillado también se aprende en familia

Niña aprendiendo sobre el cepillado dental con un modelo de boca en una consulta odontopediátrica

La prevención comienza mucho antes de que aparezca una caries. Comienza en casa, con una tarea sencilla pero fundamental: que un adulto cepille correctamente los dientes del niño todos los días.

No son pocas las veces que, durante la consulta, pregunto a los padres: “¿Cuántas veces al día le cepillan los dientes a su hijo o hija?” A veces me responden que no lo saben con certeza. En otras ocasiones miran al niño y le recuerdan que siempre le dicen que debe cepillarse.

Entiendo que esto no ocurre por falta de preocupación. Muchas familias piensan que, si un niño ya puede tomar el cepillo y moverlo dentro de su boca, también puede limpiarse correctamente los dientes. Sin embargo, durante los primeros años eso no es así.

Entre los 2 y los 5 años no basta con decirles que se cepillen. El padre, la madre o el cuidador debe tomar el cepillo y realizar el cepillado. Es una responsabilidad cotidiana del adulto, al igual que alimentarlos, bañarlos o ayudarlos en otras tareas que todavía no pueden realizar adecuadamente por sí solos.

El cepillado es responsabilidad del adulto

A esta edad, los niños todavía no cuentan con la motricidad, la coordinación ni la precisión necesarias para limpiar todas las superficies de sus dientes. Suelen cepillar solamente las zonas que ven con facilidad y dejan sin limpiar las muelas, la parte interna de los dientes y el sector cercano a la encía.

Por eso, no se trata simplemente de que el niño se cepille y el adulto haga un pequeño “repaso final”. El cepillado de higiene debe realizarlo el adulto. El niño puede participar, observar frente al espejo, elegir su cepillo, sostenerlo durante algunos momentos o practicar al terminar, pero esa participación no reemplaza el trabajo del cuidador.

Participar no es lo mismo que hacerlo solo

Darles participación es positivo y les ayuda a familiarizarse con la rutina. Podemos explicar lo que estamos haciendo, nombrar las distintas zonas de la boca y permitirles practicar. La autonomía se construye gradualmente, pero mientras no tengan la destreza suficiente, la limpieza efectiva sigue siendo responsabilidad del adulto.

¿Cómo hacerlo correctamente?

Recomiendo realizar el cepillado frente a un espejo y con buena iluminación. El adulto debe ubicarse de manera cómoda, controlar el cepillo y poder mirar todas las superficies de los dientes. Es importante levantar suavemente los labios y mover las mejillas para alcanzar las zonas posteriores y el borde cercano a la encía.

Preparar el cepillo y la pasta

Utilice un cepillo infantil de cabezal pequeño y cerdas suaves. La pasta debe contener entre 1.000 y 1.500 ppm de flúor. Esta información aparece en el envase y es más importante que la palabra “infantil” o los dibujos del producto.

Usar la cantidad adecuada

En niños de 2 años se utiliza una cantidad muy pequeña, como una fina capa que apenas cubre las cerdas. Entre los 3 y los 5 años, se emplea una cantidad similar al tamaño de una arveja. La pasta debe ser colocada siempre por un adulto.

Cepillar dos veces al día

El adulto debe limpiar todas las caras de los dientes durante aproximadamente dos minutos. El cepillado de la noche, antes de dormir, es fundamental, y debe realizarse además en otro momento del día.

Después del cepillado

Al terminar, el niño debe eliminar el exceso de pasta si ya sabe escupir, pero no debe enjuagarse con agua. De esta manera, el flúor permanece durante más tiempo en contacto con los dientes y puede ejercer mejor su efecto protector.

Tampoco es necesario cubrir completamente el cepillo con pasta. Utilizar más producto no limpia mejor y aumenta la posibilidad de que el niño lo trague. El adulto debe guardar la pasta fuera de su alcance y controlar siempre la cantidad utilizada.

Firmeza con cariño

Sé de primera mano que mantener esta rutina no siempre es fácil. También soy madre de dos niños. Hay mañanas apuradas, noches de cansancio y días en que los niños simplemente no quieren cooperar.

Podemos darles pequeñas opciones: elegir entre dos cepillos, escoger una canción o decidir si comenzamos por los dientes de arriba o por los de abajo. Pero la elección no debe ser si se cepillan o no. Podemos ser amables, pacientes y respetuosos, manteniendo al mismo tiempo un límite claro: el cepillado debe realizarse.

No hace falta que cada momento sea perfecto ni libre de resistencia. Lo importante es que el adulto mantenga la rutina, acompañe con calma y comprenda que está realizando una medida básica de cuidado y prevención.

La prevención comienza en casa

Educar en salud bucal no consiste solamente en decirles a nuestros hijos que deben lavarse los dientes. Durante los primeros años significa tomar el cepillo, utilizar la pasta correcta y realizar nosotros mismos una limpieza completa, todos los días.

Con el tiempo, los niños desarrollarán la destreza y el hábito necesarios para hacerlo de manera cada vez más autónoma. Hasta entonces, necesitan nuestra presencia, nuestra constancia y nuestro cuidado.

Mi labor como odontopediatra también es enseñar la técnica, resolver dudas y ayudar a cada familia a construir una rutina de cepillado que sea efectiva y posible de mantener.

Dra. Lorena Fuentealba
Odontopediatra